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FUNDAMENTOS PARA LA REFORMA CURRICULAR
Introducción
En el momento de encarar una Reforma Curricular es necesario redefinir y fundamentar los contenidos de estudio que integrarán las áreas de conocimiento en la formación de farmacéuticos y bioquímicos. Es importante privilegiar los conocimientos de manera de abarcar áreas básicas y de aplicación, enfocadas tanto desde los conceptos teóricos como desde el entrenamiento práctico, así como desarrollar las actitudes propias de las profesiones bioquímico-farmacéuticas.
En una situación donde los límites entre las incumbencias de las distintas profesiones se hacen cada vez más difusos, se debe plantear el trabajo en términos de las competencias, capacidades y habilidades de los profesionales. En este marco, la formación universitaria debe brindar las herramientas para desenvolverse ante los cada vez mayores requerimientos a los que al profesional le corresponderá enfrentarse.
Se hace necesario entonces, iniciar el debate sobre la formación académica que brinda la Facultad para adecuarlo a los tiempos que vendrán, planteando además una profunda reforma de la enseñanza. Ello requiere de la participación y el compromiso de todos los actores involucrados (docentes, estudiantes, profesionales y responsables de la gestión y administración universitaria) en pos de establecer los instrumentos fundamentales para formar a los profesionales que tendrán la responsabilidad de llevar a cabo la función social de insertarse en el sistema de salud, así como en el sistema científico-tecnológico en los próximos años.
A modo de aporte para la discusión, planteamos algunas pautas que consideramos que deberían constituir los puntos de partida para el análisis de las temáticas que conducirán a la Reforma Curricular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica.
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La Situación Profesional
Intentaremos caracterizar la crisis del modelo profesional liberal. En primer lugar corresponde señalar que dado que las necesidades sociales adquieren cada vez mayor complejidad, ninguna profesión es capaz de dar una respuesta global a ellas. Esta situación sumada al avance científico y tecnológico que hace imposible el dominio del saber por parte de un único profesional, conducen a desarrollar en los graduados las habilidades necesarias para el trabajo interdisciplinario. Pero curiosamente, la Universidad no los forma para ello.
La capacidad de escuchar, entender e interactuar entre especialistas de diversa procedencia puede ser fomentada mediante mecanismos formales e informales (experiencias prácticas calculadas y previstas en las currículas). En este sentido, resulta conveniente incluir ciencias sociales y de la conducta en la formación de todas las especialidades [Shankar y col, 2006; Ryan y col, 2007; Nestel y col, 2007], teniendo en cuenta que el profesional no sólo participará de grupos interdisciplinarios, sino que probablemente tenga que liderarlos.
Otro elemento a tener en cuenta es la corporatización del ejercicio profesional. Existe una tendencia a englobar las prácticas de los profesionales en grandes organizaciones de carácter público o privado, que mediatizan el trabajo académico-profesional. Si nos referimos al profesional de la salud, éste ya no es propietario del consultorio, del laboratorio, ni de los medios de diagnóstico y curación, sino que aumenta su identificación con la organización que lo emplea o contrata. Todo ello pone en crisis el patrón tradicional que predominara en la primera mitad del siglo XX.
La realidad es que a casi diez años de comenzado el nuevo milenio, cuando se avanza cada vez más hacia una economía globalizada, donde el desarrollo tecnológico aumenta simultáneamente con el proceso de concentración económica, es responsabilidad de las instituciones de formación desarrollar en los nuevos graduados los elementos necesarios para su incorporación en el mercado laboral como forma de evitar el masivo fracaso de las profesiones.
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Metodología de Enseñanza
Una modificación en el Plan de Estudios debe ir acompañada de
una serie de consideraciones que se traducirán en el éxito de las
reformas a implementar. En primer término, correspondería optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Del análisis de la estructura actual de la enseñanza que se imparte en la Facultad, en la mayoría de los casos surge que el estudiante es un receptor pasivo, en el cual no se despierta la búsqueda de un sentido critico. En general, se lo conduce a memorizar. La docencia suele representar la transferencia unidireccional de la verdad desde quien la posee hacia quien la debe recibir. Como consecuencia de la aplicación de este sistema, el único modificado debe ser el receptor. Predomina la información sobre la formación (Monereo y Pozo, 2003).
En definitiva, se ha perdido de vista que los ingredientes educativos que mejor preparan para enfrentar el mundo real, la práctica, el futuro o el cambio, son las habilidades de razonamiento, es decir, el potencial para aprender y manejar el conocimiento [Rugarcía, 1996].
Por otra parte, se debería rever la normativa vigente en cuanto a la regularización de Trabajos Prácticos. En la situación actual, el alumno no tiene la opción de equivocarse en su aprendizaje, existe una persecución constante en cuanto a la evaluación. Se lo evalúa incluso antes de recibir una explicación previa. En este contexto, la evaluación se transforma en la meta final del esfuerzo. Los estudiantes se ven prácticamente obligados a jerarquizar los conocimientos no por su valor intrínseco para comprender la realidad o para actuar sobre ella, sino por su significación potencial en términos de la calificación o "nota" para el profesor. De igual modo, la necesaria obligatoriedad de asistencia a las clases, se transforma en muchos casos en un fin en sí mismo.
Sería conveniente formar a los docentes inculcándoles un sentido pedagógico, más allá del conocimiento de la disciplina que enseñan [Hernández y Sancho, 1993; Kaartinen-Koutaniemi y Katajavuori, 2006]. A pesar de esfuerzos crecientes orientados a afrontar este tema, existen evidencias acerca de la escasa formación pedagógica de los docentes universitarios y su repercusión en la calidad de la enseñanza y el aprendizaje que se desarrolla en la Universidad [Amaro de Chacín, 2000]. De hecho, el Plan de Acción para la transformación de la Educación Superior en América Latina y el Caribe [UNESCO, 1998] asigna pertinencia contextual y temporal al tema de la docencia, aludiendo a la necesidad de considerar la formación docente como una medida que contribuye al mejoramiento cualitativo en todos los niveles del sistema educativo. Esto se profundiza a nivel universitario en el Primer Encuentro Iberoamericano sobre Perfeccionamiento integral del Profesor Universitario [Universidad Central de Venezuela, 1999]. Resulta imperativo abordar el problema con una visión del proceso formativo, dado que el profesional de la docencia, independientemente de su especialidad, requiere de cierta formación que le permita enjuiciar situaciones, realizar diagnósticos y decidir científicamente sobre ellas. Esto significa afrontar la docencia desde una óptica profesional, puesto que la transmisión de contenidos disciplinares hoy no resulta suficiente. Se ha señalado que el conocimiento no es sólo un producto, sino que es también una forma de pensar y crear a partir de él. La práctica docente debe promover la capacidad crítica y creativa del sujeto que aprende [Amaro de Chacín, 2000].
Es importante estimular a los estudiantes para el desarrollo de la iniciativa individual y la gestión colectiva, como así también la adquisición de una identidad profesional de forma temprana [Taylor y Harding, 2007].
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Plan de Estudios
El Plan de Estudios constituye el foco intelectual y organizativo de los procesos educativos en los centros de enseñanza, por lo cual es el terreno donde se definen y debaten fines, contenidos y procesos [Díaz Barriga, 2005].
Modificar un Plan de Estudios es una tarea ardua y compleja que implica una transformación social en el contexto institucional, lo cual produce –como consecuencia de los cambios que esto origina- múltiples conflictos, se tenga o no conciencia de ellos [Amaro de Chacín, 2000]. Por otra parte, la implementación de un nuevo diseño curricular está necesariamente vinculado con un proceso permanente de evaluación y revisión [Amaro de Chacín, 2004].
Cabe tener presente que los conocimientos o conceptos son lo que una persona sabe y comprende; las habilidades son herramientas para aprender y manejar el conocimiento y las actitudes son tendencias a actuar de una forma determinada que se refuerzan al aprehender un valor. Un valor es aquello a lo que se decide dedicar la vida. Por lo tanto si el sentido del currículum es educar, la actividad curricular debe promover la comprensión e integración de conceptos, el desarrollo de habilidades de razonamiento y reforzar actitudes vinculadas con valores. Si esto sucediera, el egresado sería más capaz de enfrentar los desafíos que se plantean en el desarrollo de su carrera universitaria y fuera de él [Rugarcía, 1996].
En nuestra Facultad la duración de los planes de estudio es prolongada [Subsecretaría de Planificación Educativa, 1996], tanto por su definición teórica como por la extensión real, producto de las exigencias impuestas (elevado número de asignaturas por período lectivo, carga horaria, escasa oferta de horarios nocturnos, desconocimiento de la realidad laboral actual, falta de repetición de cursadas, entre otras).
Por otra parte, como se ha dicho, no se busca en el estudiante la capacidad para resolver situaciones y de inculcar la formación de criterio científico y profesional; sino que se otorga un cúmulo de información que va desde los antecedentes caídos en desuso hasta los últimos descubrimientos sobre cada temática. Todo ello, sin reparar en la repetición de contenidos en sucesivas etapas de la Carrera. Bordieu y Gros plantean que el crecimiento del conocimiento vuelve inútil la ambición del enciclopedismo: no se pueden enseñar todas las especialidades ni la totalidad de cada especialidad [Bordieu y Gros, 1990].
En consecuencia, se debe propender hacia un Plan de Estudios que rompa con el clásico esquema enciclopedista, que no genera en el estudiante la adquisición de un conocimiento activo, tendiente a la resolución de situaciones complejas, sino que promueve la acumulación de conocimientos, imposible de abarcar [Uribe Ortega, 1993].
Además, la forma vertiginosa en la cual los conocimientos se vuelven obsoletos, plantea a la institución universitaria la necesidad de una permanente renovación de planes y programas de estudio, así como una reorientación hacia el desarrollo de la inteligencia y el pensamiento reflexivo y crítico por parte de los estudiantes [Uribe Ortega, 1993].
Otro elemento a tener en cuenta es la estructuración de asignaturas como compartimientos rígidos, cuya resultante es la atomización de los contenidos y por ende, de los conocimientos, donde a cada tema se le asigna un lugar de igual relevancia y cuya sumatoria produce el curriculum. En contraposición a la fragmentación existente, debería diseñarse un curriculum con un concepto amplio, integrado como un cuerpo organizado de campos y áreas de conocimiento, estableciendo una interrelación que garantice la efectiva conexión entre las diferentes materias, definiendo su importancia en referencia al conocimiento necesario.
Es conveniente producir un real acortamiento de las carreras
con una adecuada articulación, que permita el egreso de profesionales
más jóvenes. Ello sin desmedro de la formación de grado ni producir el
pasaje de contenidos hacia el postgrado.
Es importante asimismo, lograr que el profesional vuelva a la Institución que lo formó en busca de la capacitación y perfeccionamiento que asegure su actualización permanente. Ello se logra jerarquizando el postgrado y brindando las posibilidades para su aprovechamiento, tanto desde el punto de vista académico como administrativo. En este sentido, la incorporación de nuevas tecnologías en la enseñanza y la capacitación a distancia resultan inminentes como herramienta para la docencia, tanto en el grado como en el postgrado. Las posibilidades de teleformación se han desarrollado en gran medida, debido a que además de la transmisión de información, permiten la realización de tutorías y el seguimiento de los alumnos. Cabe señalar que los estudiantes, de manera creciente, están más familiarizados con las tecnologías emergentes que con las metodologías tradicionales de los ámbitos educativos [González Ordóñez, 2000].
Para finalizar señalamos que, innumerables factores conducen al abandono de los estudios. La deserción produce tanto perjuicios para la planificación por parte de las unidades académicas, como fracasos y frustraciones personales. Es importante considerar que el individuo que tuvo acceso a la formación universitaria cuenta con otras herramientas para su desarrollo e interactúa de manera diferente con su entorno; no obstante, la Universidad no acredita los estudios realizados. En este sentido, resulta conveniente el otorgamiento de títulos intermedios o de realización de estudios parciales. Los títulos intermedios no deben desprestigiar las profesiones, puesto que no se trata de generar una competencia en el mercado laboral que tenga una más pronta inserción. Por el contrario, no debería generarse esa especulación si los títulos intermedios solo indicasen el grado de avance del estudiante o tuvieran incumbencias diferentes. Por ejemplo, si al término del 6º cuatrimestre se ofreciera al estudiante la posibilidad de optar por cursar una serie de materias optativas de carácter pedagógico, se podría graduar con el título terciario de Profesor de enseñanza de nivel medio.
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Algunas características del nuevo Plan de Estudios de la Carrera de Farmacia
La presente propuesta de reforma curricular apunta a incluir componentes educativos modernos, manteniendo los lineamientos incluidos en la Resolución Ministerial Nº 566/04, del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.
En este nuevo modelo, el estudiante deberá elegir cursar uno de los tres ciclos de orientación, los que serán breves y posteriores al dictado de la mayoría de los contenidos generales de la carrera. De esta manera, se incluyen en la currícula las tres mayores áreas del ejercicio profesional farmacéutico sin desmedro de las incumbencias fijadas. Cabe señalar que la demanda de incorporación de orientaciones es una constante reflejada en consultas y encuestas realizadas a estudiantes y graduados por los respectivos Claustros.
En cuanto a la Práctica Profesional tiene el objetivo de acercar al
estudiante al ejercicio profesional y por ende al sentido de la
profesión de manera temprana [Loennechen y col, 2007]. De la
interrelación con profesionales de la salud se espera la mejora
sustancial de la visión del farmacéutico [Taylor y Harding, 2007].
La práctica profesional podrá eximirse al estudiante que realice una
pasantía o trabajo vinculados con las incumbencias profesionales,
siempre que cumpla con el programa educativo.
El nuevo Plan de Estudios regirá para los estudiantes que ingresen a la
Facultad, mientras que para el resto de los estudiantes se garantizará
su graduación por el Plan con el cual comenzaron a cursar, sin perjuiciode que cada uno pueda ejercer su derecho a solicitar el cambio de Plan.
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Referencias Bibliográficas
- Amaro de Chacín R. El diseño curricular: un proyecto en permanente construcción. Agenda Académica 2004; 11 (1).
- Amaro de Chacín R. El docente universitario en el marco de los cambios curriculares. Docencia Universitaria 2000; 1 (1): 41-50.
- Bordieu P y Gros F. Los contenidos de la enseñanza, principios para la reflexión. En Universidad Futura 1990; 2 (4).
- Díaz Barriga F. Desarrollo del currículo e innovación: modelo e investigación en los noventa. Perfiles Educativos 2005; 27 (107).
- González Ordóñez J. Actas del debate sobre nuevas tecnologías y enseñanza 2000, Jornadas Andaluzas de Calidad.
- Hernández, F y Sancho, J. Para enseñar no basta con saber la asignatura. Barcelona: Gedisa 1993.
- Kaartinen-Koutaniemi M, Katajavuori, N. Enhancing the development of pharmacy education by changing pharmacy teaching. Pharmacy Education 2006; 6 (3): 197-208.
- Loennechen Y, Lind R, McKellar S, Hudson S. Clinical pharmacy curriculum development in Norway: pharmacists’ expectations in the context of current European developments. Pharmacy Education 2007; 7 (1): 19-26.
- Monereo, C y Pozo, J. La universidad ante la nueva cultura educativa. Enseñar y aprender para la utonomía. Madrid: Editorial Síntesis, 2003.
- Nestel D, Calandra A, Elliott R. Using volunteer simulated patients in development of pre-registration pharmacists: learning from the experience. Pharmacy Education 2007; 7 (1): 35-42.
- Rugarcía A. La relación entre la teoría y la práctica: un molino de viento en el quehacer curricular. Educación química 1996; 7 (3): 128-131.
- Ryan K, Bissell P, Anderson C, Morgal Traulsen J, Sleath B. Teaching social sciences to undergraduate pharmacy students: an international survey. Pharmacy Education 2007; 7 (1): 1-9.
- Shankar P, Subish P, Dubey A, Mishra P. Postgraduate students as simulated patients in communication skills learning and assessment. Pharmacy Education 2006; 6 (3): 157-159.
- Subsecretaría de Planificación Educativa, Facultad de Farmacia y Bioquímica –UBA. Evaluación de las Carreras de Farmacia y Bioquímica, 1996.
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