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La Salud en Terapia Intensiva


Todos conocemos que los Hospitales Públicos atraviesan enormes dificultades. Profesionales y técnicos mal pagos. Infraestructura deteriorada. Falta de mantenimiento. Irregular provisión de insumos y medicamentos. En fin, podríamos resumirlo como abandono total por parte del Estado.

En los últimos meses se repitieron los paros en Hospitales de la Ciudad y de la Provincia de Buenos Aires. Las medidas de fuerza involucran a profesionales, personal técnico, de enfermería e incluso, a residentes, en demanda de mejores salarios. Este escenario provoca demoras, cancelación de turnos y múltiples complicaciones en la atención de los pacientes.

Una vez más, entre los intereses de un Estado que intenta esforzadamente salir de la crisis y los reclamos legítimos de los agentes de salud, el conflicto que de ello deriva termina afectando a los beneficiarios del sistema, que paradójicamente son los sectores más humildes de la población. Sin dudas, el sistema sanitario requiere mayor inversión. No es posible que se sostenga con profesionales mal pagos, que con escasos recursos deben atender las más diversas situaciones.

Vivimos en un país donde el porcentaje de la población con necesidades básicas insatisfechas asciende al 17,7%. Y, si nos referimos a la provincia de Buenos Aires, el 48,8% de la población carece de cobertura de Obra Social o Plan Médico. Tal vez no tengamos verdadera dimensión de lo que esto significa, pero lo cierto es que si en una sociedad capitalista como la Argentina, el 50 % de la población de la provincia más poblada del país no tiene cobertura de salud, la acción del Estado se hace imprescindible. De no ser así, nos estaríamos resignando a un país de segunda.

Como alguna vez lo planteamos, sin salud y educación no existe proyecto de futuro alguno y la democracia como orden social deja de tener sentido. Quién podrá creer en ella, si los miembros de su comunidad no cuentan con las herramientas básicas para decidir racionalmente y en libertad su propio destino.

Suele decirse, cuando se habla de formación universitaria, que contamos con suficientes médicos. Sin embargo, esa no es la realidad. En tal caso, podríamos acordar que el sector más privilegiado de la sociedad tiene un médico, farmacéutico, bioquímico y odontólogo casi por miembro familiar; pero esto es así, como no podía ser de otro modo, en detrimento de los más humildes. Como ejemplo, podemos citar la siguiente comparación: la Ciudad de Buenos Aires, con una población total de 3.006.179 habitantes, cuenta con 32.100 médicos; en cambio, la Provincia de Buenos Aires, con 14.410.574 habitantes, presenta sólo 26.876. Está claro y más allá de definiciones sociológicas o económicas, que basta analizar nuestra estructura social, para darnos cuenta de que la Argentina es un país para pocos.

El acceso a la salud es lo que peligra, y nuestros compatriotas quedan desprotegidos. Si realmente aspiramos a un Nación seria, no podemos hacer oídos sordos a esta situación. Nuestra responsabilidad ciudadana nos obliga. El sistema público de salud es un derecho esencial. Desafortunadamente está colapsado. Es imperioso que se logre la voluntad política para solucionar los conflictos y mejorar la situación. 

PARTICIPACIÓN
AGRUPACIÓN DE GRADUADOS

Facultad de Farmacia y Bioquímica

Las cifras corresponden al año 2003 y fueron obtenidas de información del INDEC y la DEIS (Dirección de Estadísticas e Información de Salud) del Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación.

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